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El trabajo geológico en la actividad minera

Gabriel Blasco es geólogo recibido en la Universidad Nacional de Tucumán, consultor en minería, hidrogeología, geotecnia y especialista en  estudios de impacto ambiental. Hace ya más de treinta años que abrazó su profesión y desde esa época mantiene un vínculo permanente con temas relacionados a la minería. Tal es su pasión por la profesión,  que además decidió hace un tiempo atrás transmitírsela a jóvenes a través de la docencia en la Tecnicatura en Perforaciones de la Facultad de Ingeniería de la UNJu.

A lo largo de sus más de treinta años de ejercicio profesional, este geólogo ha realizado innumerables trabajos relacionados con la minería, desde trabajos de campo en distintos puntos de la geografía jujeña hacia fines de la década de los ´80/principios de los ´90, hasta la actualidad en que está enfocado principalmente a todo lo relativo a la temática impacto ambiental.

“Un geólogo –comenta-  estudia para descubrir la presencia de minerales, de petróleo,  de cuencas acuíferas; se prepara para saber dónde y cómo buscar estos distintos elementos que se encuentran en diferentes  lugares de nuestro planeta. La minería y la construcción son actividades que necesitan de los geólogos por el tema del estudio de suelos, también la agricultura eventualmente necesita de los servicios de un geólogo por el tema de la obtención de agua.  El geólogo se prepara para enfrentar todas las adversidades que el clima pueda ponerle como escollo en el “trabajo de campo” (trabajo en el terreno), pero también para sentarse frente a una computadora y elaborar extensos y minuciosos informes que deben ser siempre absolutamente precisos y claros, realizados con el mayor grado de profesionalismo que solo la formación y la actualización permanentes otorgan”.

“Uno de mis primeros trabajos de campo en Jujuy –relata Blasco- lo realicé en la zona de Abdón Castro Tolay, más específicamente en el río Las Burras, allí el objetivo del equipo de trabajo fue determinar la presencia de las llamadas “tierras raras” (columbio, tantalio, cobalto y otros minerales raros). Hice estudios en la zona de Abdón Castro Tolay, más específicamente en la zona del arroyo Las Burras, por ejemplo. El estudio determinó la presencia de algunos de los minerales mencionados, pero las evaluaciones de costo realizadas posteriormente, establecieron que la su explotación no cerraba en la ecuación costo/beneficio, tema fundamental en la actividad minera. En la actualidad, la explotación de las tierras raras es realizada por países muy industrializados, tienen aprovechamiento en la energía nuclear, también en la industria del litio, en el caso de las fábricas de baterías, ahí por ejemplo,  tiene aplicación.

“Más adelante en el tiempo, trabajé con empresas que explotan bórax, mineral también presente en la zona de los salares, tanto jujeños como salteños”, continúa Blasco.

“Me acerqué al litio en el 2006 cuando una empresa chilena, que tenía oficinas en Mendoza, me contacta, mantenemos una serie de reuniones  y  acordamos un contrato para que realice estudios de suelos en la puna jujeña, más específicamente un muestreo de salmuera en Cauchari.  Ese estudio –recuerda-  lo realicé siguiendo el protocolo que ellos me especificaron”.

“Protocolo –se explaya- es,  para resumir, la metodología de trabajo que se aplica para cada caso concreto, todos los pasos a seguir para realizar el muestreo de salmuera en el caso que menciono. Este protocolo que usaba la empresa era muy estricto en lo relativo a la trazabilidad de la muestra, los pasos a seguir fueron: 1) usar exclusivamente el instrumental  provisto por la empresa para la obtención de la muestra; 2) lavar ese instrumental con la misma salmuera y no con agua pura ya que eso ‘contamina’ el instrumental usado; 3) obtener la muestra, anotarla, ponerla en una conservadora con hielo y mantenerla en una temperatura constante; 4) hacer el muestreo a lo largo y a lo ancho del salar de Cauchari (pensemos que el salar tiene una extensión de aproximadamente  59 km de largo, empieza en Salta y termina en Olaroz que es la ruta 52 aquí en Jujuy)”.

Blasco se extiende en sus experiencias y agrega “En toda esa extensión fui realizando la obtención de las distintas muestras, todo esto incluía obviamente,  adentrarme en camioneta por todos los lugares del salar, en algunos casos, por rutas o huellas y en otros atravesando el salar por lugares que ni huellas había. En una ocasión nos quedamos empantanados con la camioneta, tuvimos que caminar aproximadamente unos 5 km hasta llegar a un campamento de “borateros” (empresas que trabajan extrayendo bórax de los salares), quienes nos facilitaron una de las máquinas con las que trabajaban, regresamos hasta el lugar donde quedó empantanada la camioneta y con el uso de lingas pudimos sacarla para continuar con nuestro trabajo, todo esto nos llevó casi un día. Los salares jujeños tienen una ‘costra’ de aproximadamente 5 cm de espesor que es dura, pero debajo el suelo es blando, arcilloso, arenoso y por ello empantanarse con un vehículo suele ser común. Ese trabajo nos llevó todo el mes de agosto, con todo lo que agosto suele tener de característico en esos parajes: vientos, nieve, hielo, temperaturas muy bajas en la madrugada y en la noche sobre todo, hablamos de temperaturas de 10/15 grados bajo cero, hay que pensar que estamos hablando de una altitud superior a los 3.800 mts. sobre el nivel del mar”.

Y finaliza su relato, contando “Toda esa tarea que realizamos es lo que en minería se conoce como ‘trabajos de prospección’, es decir que es la primera parte del trabajo que se realiza siempre en cualquier emprendimiento minero, esta fase es la que sirve para determinar la existencia o no de un mineral determinado, en este caso el litio. El paso inmediato siguiente (si el muestreo obtenido fue satisfactorio) es lo que se conoce como etapa de ‘exploración’. ¡Y de eso hablaremos en un próximo encuentro!

 

Fuente: Comunicación Institucional y Prensa- CMJ